LA GLOBALIZACION Y LOS RETOS DE LA TEORIA ECONOMICA |
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Dr. Enzo Del Bufalo |
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La economía como saber moderno nació para explicar el origen de la riqueza en cada nación. Los fisiócratas querían comprender como se producía y se distribuía el producto neto nacional en Francia. Adam Smith extendió esta preocupación a cualquier nación en general. La teoría económica nació pues referida a la nación o mejor dicho a la economía nacional. Esta última es la realidad objetiva que deben confrontar los teóricos del nuevo saber. Una realidad que no es la simple realidad de los fenómenos económicos en general, sino de esos mismos fenómenos condicionados nacionalmente. Este condicionamiento es causado por la presencia del Estado nacional y es tan importante como los fenómenos económicos mismos. Sin Estado nacional no sólo no habría economía nacional, sino tampoco la necesidad de estudiar el origen de la riqueza de la nación. Y es que el estudio de los fenómenos económicos no estuvo motivado por una simple curiosidad intelectual, sino por la necesidad de aumentar la fortaleza del Estado nacional asegurando su riqueza. Su riqueza fiscal – la riqueza del rey- en primer termino que permitía sostener los gastos del Estado para controlar y expandir el territorio en una época de fuerte competencia territorial entre los principales Estados nacionales de Europa occidental.
Pero como la riqueza fiscal del rey es una riqueza derivada de su poder impositivo sobre su territorio, era necesario determinar la capacidad de ese territorio para soportar la carga tributaria. De ahí la necesidad de saber como se produce la riqueza del territorio controlado por el rey, Ahora bien, este territorio no es un pedazo de tierra simplemente, es un territorio social, es decir, una comunidad de seres humanos con sus condiciones de vidas. Este territorio ya no era una mera congeríe de unidades de producción familiares –oikos- de diferentes tamaños organizados por relaciones despóticas que conformaron el pueblo cristiano medieval. Ahora por vez primera el territorio social se componía cada vez más de una creciente población de individuos que participaban regularmente en un sistema de flujos de bienes, servicios y dinero. Estos individuos estaban perdiendo sus viejas ataduras étnicas y despóticas por influencia de de un proceso de homogeneización llevado a cabo por prácticas sociales asociadas al intercambio mercantil, al tiempo que consolidaban su condición de súbditos de un príncipe territorial que los convertía en miembros naturales de un territorio social particular, es decir, miembros de una nación personificada por el rey. En su condición de individuos libres, estas personas eran el resultado de todas aquellas prácticas sociales que gravitaban alrededor del mercado, pero en tanto que miembros del territorio social eran componentes del cuerpo político del rey, un cuerpo despótico. El sistema mercantil era pues un sistema nacional. La nueva teoría reconoció esta dualidad del sistema y por eso sus fundadores denominaron el nuevo saber: economía política o economía nacional, como aún lo hace el idioma alemán. Este reconocimiento implicó un cambio epistemológico profundo con respecto de esos tratados de Consejos al Príncipe que no eran más que consejos de administración doméstica, de cómo debía el príncipe manejar su estancia nacional, su oikos; de ahí el nombre oeko-nomia.
De manera pues que el Estado nacional configura el campo de observación inicial de la teoría económica y determina la motivación para su estudio. La organización y el desarrollo del Estado nacional han estado íntimamente vinculados al desarrollo de la economía moderna como realidad y como teoría. No es pues un aspecto exógeno al desarrollo del capitalismo moderno, sino uno de sus elementos centrales. Por su parte, el Estado nacional no es la forma general del Estado, sino una particular organización de éste, asociada al desarrollo de la economía capitalista hasta el presente. Comprender, por lo tanto, la verdadera naturaleza del Estado nacional y su vinculación con el desarrollo de la economía mundial es un requisito indispensable para entender el verdadero significado de la globalización y las dificultades que esta genera para la teoría. La tesis fundamental que propone en este artículo es que tanto el Estado nacional como la moderna economía de mercado son el resultado de un mismo proceso social desencadenado por la difusión de las relaciones mercantiles en el antiguo territorio despótico de Europa Occidental
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Celso Furtado y el pensamiento estructuralista en América Latina |
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Dr. Enzo Del Búfalo |
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Esta ocasión en la que la Academia de Ciencias Económicas rinde homenaje a Celso Furtado, es propicia para preguntarnos si es posible para un latinoamericano ser un gran economista. Creo que es una pregunta de particular importancia en estos tiempos en los cuales la mayoría de la profesión se ha empantanado en el ejercicio de una modelística estéril en el plano teórico y en propuestas de políticas económicas fútiles en el plano práctico. Si bien se trata de una condición mundial, tiene una incidencia especial en nuestro continente que, después de haber padecido por dos décadas las reformas neoliberales, se encuentra ahora tentado por movimientos políticos izquierdizantes que, sin embargo, no tienen la menor idea de que hacer con la economía. Hoy en día, la América latina corre el riesgo de verse atrapada en un movimiento pendular entre propuestas neoliberales que le prometen un desarrollo promovido por el ¨libre mercado´ y propuestas que muchos se empeñan en denominar neopopulistas o neoestatistas, pero que, a mi juicio, son caracterizadas mucho mejor por el término de neoarcaicas. Propuestas que reaccionan justamente frente al terrible costo social de las políticas neoliberales y su ineficacia, pero que, al igual que éstas, revelan una incomprensión radical de cómo funciona la economía moderna. Neoliberales y neoarcaicos se complementan unos a otros, puesto que cada bando extrae su fuerza política de los fracasos del otro.
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